La competencia lectora se define en función de la capacidad de los alumnos para comprender, utilizar y analizar textos escritos con objeto de alcanzar sus propias metas. Si queremos una definición más matizada,
La competencia lectora es la capacidad de
- comprender, utilizar y analizar textos escritos para
- alcanzar los objetivos del lector,
- desarrollar sus conocimientos y posibilidades y
- participar en la sociedad.PISA incluye, por tanto, un elemento activo: la capacidad de reflexionar sobre un texto a partir de pensamientos y reflexiones personales, y no solo la de comprenderlo, y sobre incluye la finalidad práctica de la lectura.
Fuente citada por Luis IZA DORRONSORO en Las evaluaciones internacionales y la mejora de la competencia lectora de los alumnos, del Departamento de Educación del GOBIERNO DE NAVARRA, consultado en línea el 06/06/2008 en el servidor de esta institución: http://www.pnte.cfnavarra.es/publicaciones/pdf/evainternacionales.pdf
(Véase otra adaptación de este cuadro sinóptico del informe PISA 2006, recogido en la figura 2.2 insertada en Procesos en la lectura)
La competencia lectora, por consiguiente, implica varios niveles:
- la idea tradicional de competencia lectora como proceso de descodificación y comprensión litera,
- comprender informaciones escritas, utilizarlas y reflexionar sobre ellas para cumplir una gran variedad de fines:
- desde lo público a lo privado,
- desde el entorno escolar al laboral,
- desde el ejercicio activo de la ciudadanía hasta el aprendizaje continuo.
- dar satisfacción a una serie de aspiraciones personales:
- desde la consecución de metas específicas, como la cualificación educativa o el éxito profesional,
- hasta objetivos menos inmediatos destinados a enriquecer y mejorar la vida personal.
- proporcionar a las personas instrumentos lingüísticos para poder hacer frente a las exigencias de las sociedades modernas:
- con su extenso aparato burocrático,
- sus instituciones formales
- y sus complejos sistemas legales.
La competencia lectora se evalúa en relación con:
- El formato textual: La competencia lectora de los alumnos se evalúa con frecuencia mediante textos continuos, es decir, pasajes de prosa organizados en oraciones y párrafos . PISA añadirá además textos discontinuos, en los que la información se presenta de otras maneras, como son las listas, los formularios, los gráficos o los diagramas. Asimismo, distinguirá entre un abanico de formas prosísticas, como son la narrativa, la exposición o la argumentación. Estas distinciones se basan en el principio de que en su vida adulta profesional los individuos se encuentran con una gran variedad de textos escritos (por ejemplo, solicitudes, formularios, anuncios), y que no basta con leer un número limitado de tipos de texto, como los que suelen encontrarse en el entorno escolar.
- Los procesos de lectura (aspectos): Las habilidades lectoras más básicas no serán evaluadas, pues se da por supuesto que los alumnos de 15 años ya las han adquirido. En lugar de ello, se espera que sean capaces de demostrar su aptitud a la hora de
- obtener información,
- formarse una idea general y amplia del texto
- reflexionar sobre su contenido, su forma y los rasgos que lo caracterizan.
- Las situaciones: Definen el uso para el que ha sido elaborado el texto. Por ejemplo,
- una novela, una carta personal o una biografía están destinadas a un uso privado;
- los documentos oficiales o los comunicados para un uso público;
- un manual o un informe para un uso profesional;
- y un libro de texto o una hoja de ejercicios para un uso educativo.
Considerando que muy probablemente habrá grupos de alumnos cuyo rendimiento será mejor en una situación lectora que en otra, se procurará que los ejercicios de evaluación incluyan una gama muy variada de tipos de lectura.
Educación por competencias
Hacia la “experticia” de la fuerza laboral
publicado el: 9 de julio de 2008
La educación por competencias es la aplicación concreta en las aulas del modelo neoliberal que busca la eficiencia economicista por sobre cualquier otro concepto. El estudiante debe ser competente para la realización de las actividades que le demanda el proceso productivo, a eso tiende a reducirse su formación académica.
Los procesos productivos y de apropiación del trabajo imponen las características con las que se estructuran las sociedades. La educación, como parte de la superestructura que sostiene el modo de producción capitalista, cumple con el objetivo de formar, educar a las masas de manera que respondan a las necesidades productivas, políticas e ideológicas de esa sociedad.
Se acostumbra a decir que a los poderosos no les interesa un pueblo educado, pues ello significa un pueblo rebelde, consciente. Más, en la actualidad esa afirmación no responde totalmente a la realidad ya que el desarrollo que han alcanzado los procesos productivos demandan mano de obra que cumpla ciertas características.
La tecnología, especialmente el desarrollo de la robótica aplicada a los procesos productivos, supone profundos cambios. Así, la mano de obra que antes se exigía apenas sepa leer y escribir para que entienda la actividad a realizar, tiende a desaparecer reemplazada por máquinas y robots capaces de realizar actividades relativamente simples. Ahora, los seres humanos en la fábrica deben realizar actividades difíciles que demandan algún nivel de “experticia” que no es más que el dominio profundo de un proceso complejo que debe resolverse a tiempo y con alto grado de eficiencia y eficacia.
Así las cosas la educación, como proveedora de mano de obra, debe capacitar a la gente para cumplir las demandas de los procesos productivos. Desde su infancia las personas deben ser eficientes aprendiendo y eficaces demostrando sus conocimientos, se van adaptando a lo que se espera de ellos. Vale decir la formación requerida es más exigente que la simple lectura y escritura, la persona debe salir al mercado laboral con ciertas habilidades que le posibiliten desempeñarse adecuadamente en un ambiente cada vez más tecnificado, donde los conocimientos técnicos son la base. Más adelante, con el devenir de la formación a nivel medio y superior, la experticia puede ser una nueva exigencia educativa.
Bajo esta concepción no se equivocan del todo quienes afirman que la educación por competencias pretende lograr que el educando sea competente en la realización de las actividades para las cuales se ha formado. Solo que no exponen toda la verdad, pues generalmente ocultan que esa educación asigna prioridad uno al dominio de determinadas actividades ubicadas por el ámbito técnico, por encima de otras que se las puede ubicar en el lado de las funciones psíquicas superiores. De esta manera se forma al estudiante para responder con eficiencia a las demandas del proceso productivo, no para cuestionarlo, criticarlo, mucho menos para transformarlo. Esta formación expresamente es anulada.
Tienen razón quienes dicen que la educación por competencias forma a la persona para competir, ya que en el proceso productivo son aceptados solo aquellos que tienen la posibilidad de adaptarse a sus mecanismos, incorporándose aquellos que demuestran estar preparados, consecuentemente deben competir entre sí en su afán de demostrarlo. En este ámbito de análisis vale dejar sentado que, mientras el sistema educativo entrega miles y miles de seres humanos para integrarse al trabajo, las fábricas y toda la infraestructura necesaria no están en capacidad de absorberlos, formándose un ejército de desocupados, que como Marx ya lo expuso, contribuye a dotar de mano de obra barata y a aumentar la plusvalía.
La educación por competencias tiene tras de sí varias líneas conductoras. Desde el ámbito político se pretende limitar el acceso a la educación para las mayorías priorizando la eficiencia neoliberal. En lo económico la reducción de la inversión estableciendo mecanismos economicistas de la valoración del rendimiento del estudiante y del docente. En lo ideológico promoviendo que las mayorías acojan y sometan su conciencia al sistema de explotación como el único, el adecuado, adaptándose al mercado. En lo pedagógico se fundamenta en la corriente constructivista que pone énfasis en la actividad individualista del educando promoviendo actitudes egoístas e individualistas, propias del sistema capitalista.